“Mi país es el mundo, y mi religión es hacer el bien” (Paine, 2011)

Una conclusión fundamental que define la intención del MZ es que la sociedad humana necesita unificar sus operaciones económicas y trabajar para alinearse con la dinámica natural del mundo físico, como especie única que comparte un hábitat; si es que de verdad tenemos la intención de resolver los problemas existentes, aumentar nuestra seguridad, incrementar la eficiencia y crear prosperidad. Las divisiones económicas mundiales que vemos hoy en día, son una clara fuente de conflictos, desestabilización y explotación; las formas de conducta e interacción son muy ineficientes en un sentido puramente económico, lo que limita severamente nuestro potencial social.

Es fácil justificar la actual estructura mundial competitiva basada en la nación-Estado como una consecuencia natural de nuestra evolución cultural, dada la escasez histórica de recursos y la larga historia de guerras entre nosotros, también es natural el considerar que la sociedad humana quiera alejarse de estos modos de operación al darnos cuenta que esto realmente es una ventaja para nosotros, como grupo. Como se argumenta en este documento, los prejuicios e ineficiencias del modelo actual, en comparación con los beneficios y soluciones que se implementarían, hacen que el actual modelo sea inaceptable. Las posibilidades en eficiencia y abundancia, que se alcanzarían en el nuevo sistema socioeconómico que el MZ busca implementar, se apoyan, en parte, en el esfuerzo concertado por la población humana para trabajar juntos y compartir los recursos de manera inteligente, en lugar de crear restricciones o competir como lo hacemos hoy.

Por otra parte, las presiones sociales y los riesgos que empiezan a aparecer hoy en día, en torno a la guerra tecnológica, la contaminación, la desestabilización del medio ambiente y otros problemas, no sólo expresan la urgente necesidad de gravitar hacia una verdadera organización global, sino que demuestran una necesidad racional. La mentalidad xenófoba y criminal enraizada en la filosofía de los Estado-nación actuales, a menudo en forma de “patriotismo”, es una fuente grave de desestabilización y de inhumanidad, sin mencionar que es la causante de una pérdida sustancial de eficiencia técnica.

Falsas divisiones

Como se ha expuesto en los ensayos anteriores, la base fundamental de nuestra supervivencia y calidad de vida como individuos y como especie sobre la Tierra, gira en torno a nuestra comprensión de la ley natural y cómo ésta se relaciona con nuestra metodología económica. Es lógico inferir que las especies que viven y dependen de su hábitat, deben ajustar su comportamiento para alinearse con el orden natural inherente a dicho hábitat, de la mejor manera posible en base a su mayor nivel de entendimiento en un momento dado, cualquier otra orientación es simplemente irracional y sólo puede generar problemas.

Al entender que la Tierra es un sistema simbiótico-sinérgico con recursos distribuidos en toda su geografía, y que el orden científico causal subyacente funciona como guía de la especie humana para que pueda alinearse con una mayor eficacia social, nos damos cuenta que, en el contexto más amplio de la sociedad global, trasciende toda noción de división tradicional o cultural, incluyendo la lealtad a un país, a una empresa o incluso a una tradición política.

Si Economía se trata de aumentar la eficiencia en el cumplimiento de las necesidades de la población humana, y de alcanzar la sostenibilidad y la prosperidad, entonces nuestras operaciones económicas deben tener esto en cuenta y alinearse al  sistema planetario que es, a nuestro entender, el más relevante de todos. Desde esta perspectiva, las entidades del Estado-nación son claramente falsas divisiones arbitrarias, perpetuadas por la tradición cultural, y no por la lógica de eficiencia técnica.

Valores

La organización de la sociedad actual se basa en la competencia humana en varios niveles. Los Estados-nación compiten entre sí por los recursos económicos/físicos; las entidades corporativas del mercado compiten por el lucro y la cuota de mercado; y el trabajador promedio compite por ocupaciones que le den salario y por ingresos. En sí, compite por su supervivencia.

Dentro de esta ética competitiva existe una propensión psicológica básica en desatender el bienestar de los demás y del hábitat. La propia naturaleza de la competencia es la de obtener  ventaja sobre otros para beneficio personal o grupal y, por lo tanto, la división y explotación son atributos comunes del orden social actual. Curiosamente, hoy en día casi todos los actos de corrupción en el mundo, los cuales podríamos definir como delito, se basan en la aplicación de la misma mentalidad que guía el “progreso” del mundo, a través del interés competitivo.

Por ello, no sorprende que otras divisiones sociales superficiales y perjudiciales como la raza, religión, credo, clase o prejuicio xenófobo, sigan siendo utilizadas. Este bagaje divisivo producto de etapas tempranas de nuestra evolución cultural, basadas en el miedo, no tiene ninguna base en la realidad física y actualmente sólo sirve para obstaculizar el progreso, la seguridad y la sostenibilidad.

Hoy en día, como se describe en los posteriores ensayos, el potencial de eficiencia y los métodos de producción de abundancia, eliminarían la mayor parte de privaciones humanas, aumentan enormemente la calidad de vida, la salud pública y la sostenibilidad ecológica, largamente relegada debido a antiguas tradiciones sociales, incluyendo la idea del Estado-nación. El hecho es que, técnicamente sólo existe una raza: la humana,[38. Los seres humanos compartimos dos tipos de ADN, uno celular y otro mitocondrial, que se transmite de madre a hijo, el cual puede ser rastreado hasta el origen de nuestra especie. La “Eva mitocondrial” se refiere al antepasado común más reciente por línea materna (MRCA por sus siglas en inglés) de los humanos modernos. En otras palabras, existió una mujer de la que todos los seres humanos provenimos. Somos una sola familia. Además, se ha encontrado que todas las características de la raza (diferencias de rasgos faciales, color de piel, etc.) están vinculadas a condiciones ambientales en los que ciertos subgrupos de seres humanos vivieron y/o evolucionaron. Por lo tanto, la raza es una falsa distinción y un medio para la discriminación superficial.] sólo existe un hábitat: la Tierra y sólo existe una forma de trabajo de pensamiento operativo: la científica.

Orígenes e influencia

Consideremos brevemente los orígenes fundamentales del modelo competitivo y divisivo imperante. Sin entrar en demasiados detalles, es evidente que la evolución de la sociedad ha incluido una vasta historia de conflictos, escasez y desequilibrio. Si bien existe un debate sobre la naturaleza de la sociedad durante el período de tiempo anterior a la revolución neolítica,[39. También conocida como revolución agrícola, fue la transición a gran escala de muchas culturas humanas desde un estilo de vida de caza y recolección a uno de agricultura y asentamiento, que apoyó una población cada vez mayor y sentó las bases de los patrones sociales usados hoy en día.] la Tierra desde entonces ha sido un campo de batalla donde se han tomado un sinnúmero de vidas debido a la competencia, ya sea material o ideológica.[40. Hubieron entre 180 y 220 millones de muertes humanas debido a la guerra sólo en el siglo XX, algunos incluso aseguran que la cifra es 3 veces superior (BMJ, 2008).]

El patrón es tan penetrante que muchos, hoy en día, atribuyen esta propensión hacia los conflictos y la dominación a una característica irreconciliable, impulsiva de nuestra naturaleza humana, llegando a la conclusión de que el ser humano es simplemente incapaz de operar en un sistema social que no se base en este marco competitivo y de que cualquier intento de esta naturaleza va a crear vulnerabilidades que serán explotadas por el abuso de poder, que expresa esta aparente rasgo competitivo y de dominación.[41. Un texto clásico que emplea este miedo básico es “Camino de servidumbre” de F. Hayek. La “Naturaleza Humana” tiene una muy clara insinuación, atacada fundamentalmente por las históricas tendencias del totalitarismo que en este ensayo sugiere estar vinculado a las economías de colaborativas o planificadas.]

Si bien el tema de la naturaleza humana será el objeto de estudio del próximo capítulo, expondremos brevemente sobre el supuesto abuso de poder, pues ha sido usado en gran parte como la defensa del modelo competitivo y divisorio, utilizando una visión simplificada de la historia como base para su validez. Sin embargo, los detalles de las condiciones en esos períodos históricos en donde ocurrió  el abuso, junto con la conocida flexibilidad del ser humano son ignorados o menospreciados en estas evaluaciones.[42. El debate de la naturaleza versus crianza ha sido bien establecido como una dualidad falsa en los campos de Biología del comportamiento y Psicología evolutiva. La realidad es que existe una interacción permanente, siendo la uno o la otra más o menos relevantes dependiendo del caso. Sin embargo, lo que es relevante aquí es el estudio de la “gama de comportamiento” del ser humano y exactamente cuán adaptables y flexibles somos (Sapolsky, 2004).]

El patrón histórico de conflictos no puede ser visto como un hecho aislado, se debe hacer una referencia detallada de todas las condiciones y circunstancias que lo crearon. De hecho, es más exacto decir que la inclinación humana hacia la dominación y el conflicto, la cual es claramente una reacción a la necesidad de autopreservación y supervivencia,[43. A esto se le conoce comúnmente como “reacción de lucha o huida” (o respuesta de estrés agudo) y fue descrita por primera vez por el fisiólogo estadounidense Walter Bradford Cannon.] está siendo provocada en lugar de ser la fuente de cualquier reacción negativa. Cuando nos preguntamos cómo el organizado ejército nazi fue capaz de justificar moralmente sus acciones en la Segunda Guerra Mundial, a menudo olvidamos la enorme campaña de propaganda difundida por el régimen, diseñada esencialmente para explotar esta vulnerabilidad biológica.

Por supuesto, la gente no quiere guerra. ¿Por qué querría un pobre diablo en una granja arriesgar su vida en una guerra cuando lo mejor que puede conseguir es volver a su granja de una pieza? Naturalmente, la gente de a pie no quiere guerra; ni en Rusia ni en Inglaterra ni en Estados Unidos, ni por supuesto en Alemania. Eso se entiende. Pero, después de todo, son los líderes del país los que determinan la política y es siempre algo muy simple arrastrar al pueblo, tanto si es una democracia, o un régimen fascista, o un parlamento o una dictadura comunista. Con voz o sin voz, el pueblo siempre puede ser incitado por sus líderes. Es fácil. Todo lo que tienes que decirles es que están siendo atacados, denunciar a los pacifistas por falta de patriotismo y poner al país en peligro. Funciona igual para todos los países. [Declaraciones de Hermann Göring, destacado miembro del Partido Nazi, durante los juicios de Nuremberg por crímenes de guerra, citado por Gilbert (1995)].

El auténtico interés propio

La noción de “interés propio” es claramente inherente al impulso común del ser humano por sobrevivir. Esto es más que obvio y es fácil ver cómo históricamente la necesidad básica de supervivencia personal, a menudo se ha extendido a la familia y luego la tribu o comunidad, creando las bases para el paradigma proteccionista divisorio en el cual vivimos actualmente. Es natural, desde el punto de vista histórico, que se desarrollarán teorías económicas basadas en esta noción de competencia y desigualdad. La obra de Adam Smith es un ejemplo de ello, considerado el padre del “libre mercado”, hizo popular el supuesto de que si toda persona tuviera la ética cuidarse únicamente a sí misma, el mundo progresaría como comunidad.

No es por la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero por la que esperamos nuestra cena, sino por su cuidado de su propio interés. No nos dirigimos a su humanidad, sino a su amor a sí mismos, y nunca les hablamos de nuestras propias necesidades, sino de sus ventajas (Smith [1776], 1937, p. 14).

Esta noción de la “mano invisible” del progreso humano que surge sólo del interés personal propio podría haber sido una filosofía semifuncional hace muchos años, cuando la simplicidad de la sociedad se basaba en que todo el mundo era de alguna forma un productor.[44. El sociólogo Thorstein Veblen (1918) hizo esta aguda observación con respecto a los cambios en la sociedad y la forma en que reflejan la premisa original de la economía de mercado. “Las teorías estándar de la ciencia económica han asumido a los derechos de propiedad y a los contratos como premisas axiomáticas y términos últimos de análisis; y sus teorías se dibujan normalmente en una forma tal que se adaptan a las circunstancias de la industria artesanal y el pequeño comercio, (estas teorías) parecen sostenibles, en general, cuando se les aplica a la situación económica de la época anterior (pero) cuando se busca aplicar estas teorías a una situación posterior, una vez superadas las condiciones de la artesanía, parecen nugatorias o prostituidas”. Veblen, logró también pronosticar el surgimiento de una “clase inversionista”, no productora, como hoy lo son las instituciones financieras, los bancos y el mercado de acciones que se han convertido en entes de mayor rentabilidad que las empresas que producen un bien tangible.] Sin embargo, la naturaleza de la sociedad ha cambiado mucho con el tiempo, con el aumento de la población, totalmente diferentes estructuras de roles y la tecnología de manera exponencial avance. Los riesgos asociados con este tipo de pensamiento están demostrando ser más peligroso que beneficioso, y la verdadera definición de “interés propio” se está llevando a un contexto más amplio que nunca.

¿No es de tu interés propio proteger y nutrir el hábitat que te da soporte? ¿No es de tu interés propio el cuidar de la sociedad en su conjunto, aprovisionando a sus miembros, para que las consecuencias de la privación, como el crimen, se reduzcan tanto como sea posible para garantizar tu seguridad? ¿No es el interés propio a considerar las consecuencias de las guerras imperialistas que pueden reproducir un odio patriotero feroz en un sitio del planeta, sólo para tener, por ejemplo, una maleta bomba explotando detrás de ti en un restaurante como un acto de retribución desesperado por haber “escupido al cielo”?

¿No es interés propio el asegurar que todos los niños de la sociedad tengan la mejor crianza y educación para que en su futuro, y en el futuro de sus hijos, pueda existir un mundo responsable, educado, y cada vez más productivo? ¿No es interés propio el asegurarse de que la industria sea lo más organizada, optimizada y científicamente posible, para así no producir tecnología de mala calidad, barata y que tal vez podría causar un problema en el futuro si falla?

Las cosas han cambiado en el mundo de hoy y tu interés propio sólo es bueno en función de tu interés social. Ser competitivo y salir por uno mismo “superando” a otros únicamente tendrá consecuencias negativas en el largo plazo, ya que se está ignorando al sistema sinérgico al cual estamos atados. Una planta de energía nuclear barata hecha en Japón podría no significar mucho para la gente en América. Sin embargo, si esa planta llegara a tener un fallo técnico a gran escala, la lluvia y la contaminación podría hacer su camino hacia los hogares estadounidenses, lo que demuestra que uno nunca está seguro, en el largo plazo, a menos que tenga una conciencia global.

Al final, sólo una visión consciente Tierra-Humanidad puede asegurar el interés propio auténtico de una persona y, por lo tanto, también asegurar la aptitud evolutiva[45. La aptitud evolutiva es un término biológico generalmente definido como “La probabilidad de que la línea de descendencia de un individuo con un rasgo específico no morirá.” En este contexto, estamos vinculando socialmente las acciones humanas a la idea de la supervivencia de la especie.] de nuestra sociedad. La idea misma de que deseen apoyar a “su país” e ignoren o incluso disfruten del fracaso de otros, es un sistema de valores desestabilizador.

Guerra

Los días de una guerra práctica terminaron hace mucho. La tecnología en el horizonte tiene la capacidad de crear armas que harán que la bomba atómica se vea como una catapulta romana en cuanto a su poder de destrucción (Treder, 2005). Siglos atrás, la guerra podía al menos reducirse al mínimo involucrando sólo a las partes en conflicto. Hoy en día, el mundo entero está amenazado. Hay más de 23.000 armas nucleares, lo que podría acabar con toda la población humana más de una vez (McCluskey, 2011).

En muchos sentidos, nuestra propia madurez social está siendo cuestionada. En batallas con palos y piedras, se podía tolerar una gran cantidad de distorsión y mala intención humanas. Sin embargo, en un mundo de armas de nanotecnología con enorme poder destructivo, que bien podrían ser construidas en un pequeño laboratorio, nuestro interés propio ampliado necesita afianzarse y la institución de la guerra tiene que ser sistemáticamente apagada. Con el fin de hacer esto, las naciones deben unificar y compartir sus recursos e ideas técnicamente, no acapararlos de forma competitiva para su propia mejora, lo que es la norma hoy en día.

En este sentido, instituciones como las Naciones Unidas se han convertido en un completo fracaso, ya que de forma natural se convierten en herramientas de construcción del imperio debido a la naturaleza subyacente de las divisiones de los países y al dominio socioeconómico del sistema monetario de propiedad basado en la competencia. No es suficiente simplemente reunir a “líderes” mundiales en una mesa para hablar de sus problemas. La estructura en sí tiene que cambiar para apoyar un tipo diferente de interacción entre estos grupos regionales donde se retire la amenaza perpetua entre los Estados-nación.

Al final, no existe una propiedad empírica de los recursos o ideas. Del mismo modo en que todas las ideas se desarrollan serialmente a través de la cultura (a través de la mente grupal), los recursos del planeta son igualmente transitorios en su función y se definen científicamente en relación a sus posibles efectos. La Tierra es un solo sistema, junto con las leyes de la naturaleza que lo rigen. O la sociedad humana lo reconoce y empieza a actuar y organizarse bajo esta lógica, o sufrirá en el largo plazo.

Bibliografía

Paine, T. (2011). Rights of man (No. 718). Broadview Press.

BMJ-British Medical Journal. (2008, Junio 20). Global War Deaths Have Been Substantially Underestimated, Study Shows. ScienceDaily. Obtenido el 19 de noviembre de 2014 de www.sciencedaily.com/releases/2008/06/080619194142.htm

Sapolsky, R. M. (2004). Why zebras don’t get ulcers: The acclaimed guide to stress, stress-related diseases, and coping-now revised and updated. Macmillan.

Gilbert, G. M. (1995). Nuremberg diary. Da Capo Press.

Smith, A. [1776]. (1937). An Inquiry into the Nature & Causes of the Wealth of Nations. Vol I

Veblen, T. (1918). An Inquiry into the Nature of Peace and the Terms of its Perpetuation. BW Huebsch.

Treder, M. (2005, mayo 27). Applications for Warfare. Responsible Nanotechnology Obtenido de http://crnano.typepad.com/crnblog/2005/05/applications_fo.html

McCluskey, J. (2011, septiembre 29).  Nuclear Weapons: 20 Facts They Don’t Want You to Think About. Obtenido de http://dissidentvoice.org/


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