El hombre adquiere al nacer, por herencia, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana. Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, está sujeta a cambios y que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la sociedad (Einstein, 1951).

El tren de pensamiento y el conjunto de aplicaciones,[46. El tren de pensamiento tiene que ver con el razonamiento subyacente que genera las conclusiones por las que aboga el MZ, mientras que el conjunto de aplicaciones es simplemente el estado actual de la tecnología aplicada. La diferencia entre los dos es que el primero es empírico mientras que el segundo es transitorio puesto que las herramientas tecnológicas están siempre en proceso de cambio.] presentados en los materiales del MZ son de naturaleza técnica, expresando el interés de aplicar el método y el mérito de la causalidad científica a el sistema social en su conjunto.

No sólo se debe considerar a los beneficios por sus propios méritos, sino que también deben ser considerados en contraste con los métodos tradicionales establecidos hoy en día y sus consecuencias. Es probable que entonces notemos que nuestros métodos sociales actuales son extremadamente anticuados e ineficientes — ya que son cada vez más peligrosos e inhumanos. La necesidad de un cambio social a gran escala se hace cada vez más importante. No se trata de una utopía, realmente se trata de mejoras prácticas.

Las bases conceptuales del mercado son fundamentalmente suposiciones relacionadas con el comportamiento humano, los valores tradicionales y una visión intuitiva de la historia. No tienen relación con el razonamiento emergente, medidas reales para la salud pública, capacidad técnica o responsabilidad ecológica. Es un enfoque filosófico, no técnico, que se limita a suponer que las decisiones humanas realizadas a través de la lógica de mercado (y su sistema de incentivos) producirán un resultado responsable, sostenible y humano, impulsado por la idea ilusoria de la “libre elección”, que en la escala de funcionalidad social, parece equivalente a la anarquía organizacional.[47. Se puede decir mucho sobre el tema de la organización económica y los mecanismos de producción industrial y describiremos más en la Parte III de este texto. Sin embargo, digamos desde ya que el mecanismo de precios, que es el catalizador central de despliegue económico actual, es inherentemente anárquico debido a la falta de relaciones eficientes dentro de las prácticas del sistema macro-industrial. La producción, distribución y asignación de recursos no es estratégica en un sentido técnico – físico, por donde se lo quiera ver. La única estrategia empleada, la cual sirve de contexto para definir la “eficiencia” en la economía de mercado, tiene que ver con los parámetros de lucro, costo de mano de obra, gasto corriente, tipo de cambio y otros parámetros que no tienen relación con la eficiencia física en absoluto.]

Por ello, el modelo económico del mercado monetario es a menudo considerado religioso por naturaleza en los materiales del MZ, ya que su mecanismo causal se basa realmente en supersticiones sobre la condición humana con poca vinculación a los nuevos conocimientos científicos acerca de nosotros mismos y de la rígida relación simbiótico-sinérgica de nuestro hábitat y sus leyes naturales gobernantes.

Cuando las soluciones del tren de pensamiento propuesta por el MZ es presentado a aquellos que lo desconocen, por lo general es sólo cuestión de tiempo antes de que, como mínimo, la premisa científica básica sea comprendida y aceptada. Por ejemplo, la realidad técnica aislada de que tenemos los recursos y métodos industriales para alimentar fácilmente a todos en el planeta Tierra, por lo que nadie tendría que morir de hambre,[48. Esto ha sido confirmado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (“Hambre”, n.d.). y por el Programa Mundial de Alimentos (“Hunger”, n.d.).] rara vez encuentra contraargumento alguno. Si hoy se le preguntara a una persona promedio si le gustaría ver el fin del hambre crónica en el planeta de más de mil millones de personas (FAO, 2009), lo más probable es que lo acepten desde el punto de vista ético. Pero cuando la lógica sigue su curso y se comienza a describir la super-escala de las reformas sociales y económicas necesarias para facilitar un verdadero sistema de soporte para esos miles de millones de personas, que muchos encuentran desprecio y rechazo. Además de las necias asociaciones temporales de “valor”, donde la gente básicamente se niega a cambiar cualquier cosa a la que se haya acostumbrado durante su vida (incluso si ese cambio claramente produce un mejor resultado a largo plazo), hay un argumento tan común que amerita una discusión preliminar.

Es el argumento de la naturaleza humana. El cual, podría decirse, es la única objeción real si uno deja por fuera las arbitrarias prácticas culturales de estilo de vida que la gente teme cambiar debido a sus asociaciones de identidad y a su zona de confort. ¿Somos los humanos compatibles con un sistema socioeconómico científico verdaderamente sostenible, o estamos condenados al mundo que tenemos ahora, debido a nuestra genética?

Todo es técnico

El argumento a favor de un nuevo sistema social basado directamente en un punto de vista científico para comprender y maximizar la sostenibilidad y prosperidad no puede ser contradicho por otro enfoque. ¿Por qué? Pues simplemente no existe otro enfoque cuando la lógica unificante de la ley natural propia del método científico es aceptada como el mecanismo fundamental de la causalidad y la interrelación físicas.

Por ejemplo, puede existir una variación ornamental de gran parte de la superficie del diseño de un avión, pero los mecánicos que lo permiten volar están sujetos por leyes físicas y, por lo tanto, es necesario que el diseño físico respete estas leyes para funcionar apropiadamente. La construcción de tal máquina para realizar un trabajo con el objetivo de optimizar el rendimiento, la seguridad y la eficacia no es una cuestión de opinión, al igual que no importa cuantos adornos pongamos en nuestras casas, la estructura física del edificio debe cumplir con las rígidas leyes de la física y la dinámica natural del hábitat para seguridad, resistencia y por lo tanto, puede variar muy poco en un sentido técnico.

La organización de la sociedad humana no puede ser diferente si la intención es la integridad y optimización. Pensar en la naturaleza de una sociedad funcional es pensar en un esquema mecanicista, por decirlo de alguna manera. Nuestro enfoque sobre el sistema social, que es igualmente técnico en sus necesidades funcionales, debería ser similar al que usamos cuando diseñamos un avión para que trabaje de la mejor manera posible.

Desafortunadamente, nunca se le ha dado una oportunidad real a esta perspectiva en la historia y en la actualidad nuestro mundo sigue siendo regido de manera incongruente. Los principales incentivos son la ganancia personal, indiferente, inmediata y ciega; y la ventaja diferencial. Los métodos industriales estratégicos, ecológicamente adecuados, la estabilidad social, las consideraciones sobre salud pública y la sostenibilidad generacional son secundarios.

Todo esto se ha señalado porque el argumento de la naturaleza humana usando en contra de tal enfoque es realmente el único argumento aparentemente técnico que puede defender el viejo sistema que tenemos hoy; es realmente el único argumento que queda cuando las personas que desean defender este sistema se dan cuenta de que ninguna otra cosa que puedan argumentar lógicamente puede ser viable dada la irracionalidad inherente a toda otra reclamación en contra de un sistema social basado en la ley natural.

¿Sujetos a la irracionalidad?

Este desafío puede ser condensado en una pregunta: ¿Es la especie humana capaz de adaptarse y prosperar en un sistema organizado técnicamente, donde nuestros valores y prácticas se alineen con las leyes conocidas de la naturaleza o estamos limitados por nuestros genes, la biología y la psicología evolutiva para operar en la única forma que conocemos hoy en día?

Aunque muchos discuten hoy sobre los aspectos específicos del debate de naturaleza vs. crianza (desde el conductismo que considera al ser humano una “tabla rasa”[49. La noción de la “tabla rasa” fue popularizada por Thomas Hobbes, pero se la puede encontrar en los escritos de Aristóteles. Esta es la idea de que, en definitiva, las personas nacen sin una orientación mental incorporada y todo es aprendido. Actualmente ha sido desacreditada por una perspectiva más amplia de “aprendizaje programado” y por la inherente “psicología evolutiva” del ser humano, sin embargo esta idea aún persiste en gran parte de la población.] al determinismo genético),[50. La idea de que la conducta de los seres humanos es mucho más afectada por los genes y la biología que por el condicionamiento ambiental sigue siendo objeto de un acalorado debate. La frase “esa es la naturaleza humana” es usada con demasiada frecuencia. Autores como Steven Pinker se caracterizan por promover el dominio de la psicología evolutiva sobre el condicionamiento ambiental.] como mínimo ha quedado claro que nuestra biología, nuestra psicología y nuestra condición sociológica están inexorablemente relacionadas con el entorno en el que vivimos, tanto desde el punto de vista de la adaptación evolutiva generacional (evolución biológica), a prejuicios y valores que absorbemos de nuestro entorno (evolución cultural).

Antes de entrar en detalles sobre este tema, vale la pena señalar que nuestra propia definición de ser humanos, desde una perspectiva de corto y largo plazo, se basa en un proceso de adaptación a las condiciones existentes, que también incluye a los genes.[51. La adaptación es un rasgo funcional en la historia de vida de un organismo que es mantenido y desarrollado por medio de la selección natural. Esto se produce debido a las presiones ejercidas en el organismo por el medio ambiente. Del mismo modo, la epigenética es una rama del conocimiento relativamente nueva y estudia los cambios hereditarios en la expresión celular genotípica o fenotípica en ausencia de cambios en la secuencia de ADN. En definitiva, se trata de una forma de adaptación/expresión rápida influenciada por el medio ambiente. En cuanto a la cultura, esto es más fácil de entender. Por ejemplo, el idioma que hablas es una adaptación al grupo cultural existente, al igual que la religión que te han enseñado. Muchos de los valores que posees son el resultado directo de las condiciones culturales en las que estás.] Esto no es para restarle importancia a la genética de cada caso, sino para poner de relieve el proceso del que somos parte, la relación genético-ambiental sólo puede ser considerada como una interacción continua, con resultados producto de las condiciones ambientales en el largo y corto plazo. Si este no fuera el caso, la especie humana seguramente habría perecido hace mucho tiempo debido a su falta de adaptabilidad.

Si bien está claro que los seres humanos todavía parecemos estar biológicamente programados con reacciones previsibles para la supervivencia personal más básica,[52. La noción de una “reacción instintiva” podría aplicarse aquí. Sin embargo, la diferenciación entre lo que es o no instintivo, se ha convertido cada vez más ambiguo en el estudio del comportamiento humano. Sin embargo, es claro, en un sentido fundamental, que existen patrones muy específicos en común con respecto a la especie humana, especialmente cuando se trata de la supervivencia y el estrés. Ante el peligro inminente, se producen reacciones biológicas/endocrinológicas muy frecuentes en virtualmente todos los seres humanos y éstas a menudo generan tendencias de comportamiento que son también previsibles a través de la especie.] también hemos demostrado la capacidad evolutiva de nuestro comportamiento a través del pensamiento y la educación,[53. El término plasticidad conductual se puede aplicar aquí como una extensión de la neuroplasticidad, que se refiere a los cambios activos en las vías y sinapsis nerviosas. Al igual que el cerebro, que antes se consideraba un órgano estático, el comportamiento humano (la expresión de la actividad cerebral) también sufre cambios. En cuanto a temas tan complejos como el “libre albedrío” y los procesos de toma de decisiones, la naturaleza de la mente humana muestra clara adaptabilidad y vulnerabilidad a las condiciones que recibe. A diferencia de nuestros ancestros primates, nuestro avanzado neocórtex parece ser un centro para el pensamiento consciente y en las palabras del Dr. Robert Sapolsky, neurocientífico de la Universidad de Stanford: “En cierto nivel, la naturaleza de nuestra naturaleza es no estar particularmente limitada por nuestra naturaleza” (Zeitgeist Moving Forward, 2011).] lo que nos ha permitido controlar y/o superar esas reacciones primitivas impulsivas, si las condiciones para tal efecto son apoyadas y reforzadas. Esta es una distinción muy importante y es lo que separa a los seres humanos de su familia primate menos evolucionada (Rakic, 2009).

Un rápido vistazo a la diversidad histórica de la conducta humana a lo largo del tiempo, en contraste con la relativa lentitud de los grandes cambios estructurales de nuestro cerebro y ADN en el último par de miles de años,[54. Las tasas de mutación del ADN varían de una especie a otra y han sido históricamente muy difíciles de estimar. Hoy en día, es posible aislar cambios exactos mediante secuenciamiento directo. En un estudio realizado en 2009, dos hombres parientes lejanos (separados por trece generaciones) cuyo ancestro común vivió hace doscientos años, fueron secuenciados, encontrando sólo 12 diferencias entre todas las letras de ADN examinadas. “Los dos cromosomas Y seguían siendo idénticos en 10.149.073 de las 10.149.085 letras examinadas. De las 12 diferencias, sólo cuatro eran mutaciones reales que se habían producido naturalmente a través de las generaciones” (Wellcome Trust Sanger Institute, 2009). En cuanto al genoma humano, se estima que este podría sufrir sólo unos pocos cientos de cambios durante decenas de miles de años.] demuestra que nuestra capacidad de adaptación (a través de pensamiento/educación) es enorme en el plano cultural.

Parece que somos capaces de muchas conductas y que una naturaleza humana fija, como un conjunto inalterable y universal de rasgos de comportamiento comunes a todos los seres humanos sin excepción, no puede ser considerada como válida. Más bien, parece que hay un espectro de posibles comportamientos y reacciones predecibles, todos más o menos dependiendo del tipo de desarrollo, educación, estímulos y condiciones que experimentemos.

El imperativo social en este sentido no se puede enfatizar lo suficiente, ya que la influencia del medio ambiente es un factor enorme que no solo prepara nuestras preferencias en la toma de decisiones, tanto en el corto como en el largo plazo, sino que la interacción global del medio ambiente con nuestra biología, en general, también tiene efectos poderosos sobre el bienestar personal y, por lo tanto, en la salud pública en muchas formas específicas.

Se ha encontrado que las condiciones ambientales, incluyendo factores como el aporte nutricional,[55. Un ejemplo clásico es la hambruna holandesa de 1944. Un estudio de seguimiento de personas que sufrían desnutrición severa como fetos durante la Segunda Guerra Mundial, encontró que en su vida adulta sufrieron de varios síndromes metabólicos y problemas de metabolismo debido a la “programación” que se produjo durante ese período en el útero (Stein et col., 1975).] seguridad emocional,[56. El Dr. Gabor Maté (2010) presenta en su obra una enorme cantidad de investigaciones sobre cómo la “pérdida emocional” que ocurre a edades tempranas, afecta el comportamiento en la vida adulta, específicamente la propensión a las adicciones.] asociación social,[57. La importancia de la naturaleza de la interacción social es más profunda de lo que se pensaba. La correlación entre los diferentes factores macro-sociales y la salud pública, tales como la esperanza de vida, el trastorno mental, la obesidad, las enfermedades del corazón, la violencia y muchos otros problemas sociológicos fueron bien resumidos por Wilkinson y Picket (2009).] y todas las formas de estrés en general, pueden influir en el ser humano en muchos aspectos más de lo que se pensaba. Este proceso comienza en el útero, sigue durante la vulnerable etapa posnatal[58. Un estudio único sobre bebés prematuros en incubadoras demostró que el simple estímulo durante ese tiempo (o la muestra de afecto con el simple tacto), mejoró su salud fisiológica a largo plazo en relación a quienes no fueron tocados (Field et col., 1986).] y los períodos de adaptación de “aprendizaje planificado” de la infancia; y continúa durante toda la vida en todos los niveles fisiológicos y psicológicos.

Por ejemplo, aunque hay pruebas de que el trastorno psicológico de la depresión puede tener una predisposición genética, es el ambiente el que realmente lo dispara o no (Kendler et col., 2003). No se trata de restarle importancia a la influencia de la biología en nuestra personalidad sino de demostrar la importancia fundamental de la comprensión de estas realidades y de adaptar nuestro sistema social y las macroinfluencias para apoyar el resultado ideal.

Cambiando de condición

La idea de cambiar las influencias/presiones de la sociedad para sacar lo mejor de la condición humana, en vez de lo peor, está en la base del imperativo social del MZ y esta idea se pierde tristemente en las consideraciones sociales de la cultura de hoy. Existe una enorme evidencia que apoya cómo la influencia de nuestro entorno es lo que esencialmente crea nuestros valores y prejuicios y, aunque las influencias genéticas/fisiológicas pueden establecer tendencias y acentuar ciertos comportamientos, la influencia más activa con respecto a nuestra variabilidad es la experiencia de la vida. La condición del ser humano es, por lo tanto, la forma de interacción entre lo (fisiológico) “interior” y lo (ambiental) “exterior”.

La cuestión más relevante es el estrés. Nuestros genes, biología y psicología evolutiva podrán generarnos algún bloqueo, pero no son nada en comparación con el desorden ambiental que hemos creado con nuestra cultura. La enorme cantidad innecesaria de estrés que ahora hay en el mundo: deuda, inseguridad de empleo, aumento del riesgo de salud tanto mental como física, y muchos otros, han creado un creciente clima de intranquilidad que produce gente cada vez más enferma y molesta.

Sin embargo, el alcance de este punto de vista no es sólo acerca de diversas presiones temporales que pueden desencadenar tal o cual tendencia en un sentido estricto, es más acerca de valores e ideas en la educación en lo religioso/filosófico, en lo político y en lo social que se perpetúan y refuerzan. Si tuviésemos la opción de adaptar nuestra sociedad de tal forma que pudiera mejorar la salud pública ¿no lo haríamos? Pensar que los seres humanos, como sociedad, son simplemente incompatibles con aquellos métodos que pueden aumentar su nivel de vida y salud es extremadamente improbable.

Como conclusión de esta sección, afirmemos que el tema de la naturaleza humana es uno de los temas más complejos cuando entramos en detalles. Sin embargo, lo que sabemos respecto al enorme potencial para mejorar la salud pública, la reducción del estrés, el aumento de la calidad de la nutrición y la estabilización de la sociedad, no es susceptible a mucho debate.

Actualmente tenemos algunas verdades refinadas sobre la condición humana que dan evidencia suficiente para ver que no sólo estamos generando pobres reacciones y hábitos debido a la influencia del actual orden socioeconómico, sino que también irrespetamos en gran medida el hábitat, creando no sólo la ausencia de sostenibilidad en un sentido ecológico, sino en un sentido cultural también. Pensar que los humanos son simplemente incapaces de resolver estos problemas, incluso si eso significa cambiar gran parte de nuestro mundo, desafía la larga historia de capacidad adaptativa que ya hemos demostrado.

Bibliografía

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Field, T. M., Schanberg, S. M., Scafidi, F., Bauer, C. R., Vega-Lahr, N., Garcia, R., … & Kuhn, C. M. (1986). Tactile/kinesthetic stimulation effects on preterm neonates. Pediatrics, 77(5), 654-658.

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