“No actuamos correctamente porque tenemos virtud o excelencia, sino que tenemos estos porque hemos actuado correctamente”. Aristóteles (citado por Durant, 1926)

Una consecuencia importante de nuestra vulnerabilidad a adaptarnos a la cultura existente, que a menudo es pasada por alto, es que nuestra propia identidad y personalidad a menudo se vinculan a las instituciones, prácticas, tendencias y a los valores que nacen y existen en ellas. Esta adaptación psicológica y la inevitable familiaridad crean una zona de confort que, con el tiempo, puede ser doloroso interrumpir, sin importar cuán razonables sean los datos que contradicen aquello que creemos.

De hecho, la gran mayoría de las objeciones que actualmente se presentan en contra del Movimiento Zeitgeist, en específico los puntos planteados con respecto a las soluciones y por lo tanto al cambio, parecen estar impulsados por estrechos marcos de referencia y un sesgo emocional más que por evaluación intelectual. Reacciones comunes de este tipo son a menudo simples proposiciones que, en lugar de abordar críticamente las premisas reales articuladas por un argumento, sirven para descartarlas definitivamente a través de asociaciones fortuitas.

Tales argumentos recaen más a menudo en la categoría de proyecciones[27. Sigmund Freud fue el primero en hacer famosa la idea de proyección psicológica, que se define como “un mecanismo de defensa psicológico en el que una persona inconscientemente niega sus propios atributos, pensamientos y emociones, que luego son atribuidos al mundo exterior, por lo general a otras personas”. Sin embargo, el uso del término es más general en este contexto, reflejando la simple noción de asumir que se entiende una idea basada en una relación falsa o superficial a acuerdos anteriores, por lo general en una postura defensiva como desestimación de validez.] y resulta claro que muy a menudo estos detractores están en realidad más preocupados por defender su identidad psicológica que en considerar objetivamente una nueva perspectiva.[28. “Patología Cognitiva” es un descriptor sugerido para este fenómeno. Una característica común es el “razonamiento circular”, donde se justifica una creencia simplemente volviendo a hacer referencia a la propia creencia. Por ejemplo, al preguntarle a un teísta por qué cree en Dios, una respuesta común podría ser la fe. Al preguntarle ¿por qué tiene fe? A menudo la respuesta resulta ser algo como “porque Dios recompensa a aquellos que tienen fe”. La orientación de la causalidad es truncada y autorreferente.]

Bloqueo Mental

En un trabajo clásico de los autores Cohen y Nagel titulado “Introducción a la Lógica y al Método Científico”, este punto sobre el proceso de evaluación lógica y su independencia de la psicología humana se expone claramente.

El peso de la evidencia no es en sí mismo un acontecimiento temporal, sino una relación de implicación entre ciertas clases o tipos de proposiciones (…) Por supuesto, el pensamiento es necesario para captar esa implicación [pero eso] no hace de la física una rama de la psicología. La comprensión de que la lógica no puede ser restringida a un fenómeno psicológico nos ayudará a discriminar entre nuestra ciencia y la retórica, concibiendo ésta última como el arte de la persuasión o de la argumentación con el fin de producir una sensación de certeza. Nuestras disposiciones emocionales hacen que sea muy difícil para nosotros aceptar ciertas proposiciones, no importa lo fuerte que sea la evidencia en su favor. Y como toda prueba depende de la aceptación de ciertas proposiciones como verdaderas, ninguna proposición puede ser demostrada verdadera a quien está suficientemente decidido a no creer (Cohen & Nagel, 1934:19).

El término bloqueo mental ha sido usado por algunos filósofos para describir este fenómeno, definido como “la condición en la que la nuestra perspectiva se convierte en autorreferente, en un circuito cerrado de razonamiento” (McMurthy, 1999). Suposiciones aparente empíricas enmarcan y aseguran nuestra visión del mundo y cualquier cosa contradictoria proveniente del exterior será bloqueada, incluso inconscientemente. Esta reacción puede ser comparada con el reflejo físico común de protegerse de un objeto extraño que se mueve hacia uno, sólo que en este caso el “reflejo” es defender nuestras propias creencias, no el cuerpo.

Mientras que frases como “pensar fuera de la caja” son retórica común en la comunidad activista, rara vez son la base de nuestra forma de pensar o cuestionan la integridad de nuestras instituciones establecidas. Son, casi siempre, dadas por sentado y asumidas como inalterables.

Por ejemplo, en las así llamadas democracias, un presidente (o su equivalente) es un punto de referencia común con respecto a la calidad de gobernabilidad de un país. Una gran cantidad de atención se dedica a una figura como esta, a sus perspectivas y acciones. Sin embargo, rara vez nos detenemos a pensar ¿por qué tenemos un presidente? ¿cómo se justifica que su poder como figura institucional sea una forma óptima de gobernabilidad social? ¿no es una contradicción de términos reclamar una sociedad democrática en la que el público no tiene nada que decir respecto a las acciones del presidente una vez que éste es elegido?

Este tipo de preguntas son raramente consideradas pues la gente tiende a adaptarse a su cultura sin objeción, asumiendo que “así son las cosas”. Tales orientaciones estáticas son casi universalmente el resultado de la tradición cultural y, como bien señalan Cohen y Nagel, es muy difícil de comunicar una idea nueva y desafiante a aquellos que están “suficientemente decididos a no creer”.

Dichas presunciones tradicionales, mantenidas como empíricas, son probablemente la raíz del retraso personal y social en el mundo de hoy. Este fenómeno, sumado a un sistema educativo que refuerza constantemente esas nociones establecidas a través de sus instituciones académicas, sella más esta inhibición cultural y agrava el impedimento al cambio relevante.[29. Aquí la crítica a la academia no se debe confundir con la definición estándar, que es una “comunidad de estudiantes y académicos dedicados a la enseñanza superior y la investigación”. El contexto aquí es la naturaleza inhibitoria de las “escuelas” de pensamiento que con demasiada frecuencia evolucionan para crear su propio ego cuando los datos contradictorios son ignorados o rechazados sin orden ni concierto. Además, existe un riesgo común a este modo de pensamiento donde, con frecuencia, la “teoría” y “tradición”prevalecen sobre la “experiencia” y el “experimentar”, lo que perpetúa conclusiones falsas.]

El alcance de esta tendencia es importante en el debate, pero también hay dos falacias argumentativas comunes dignas de mencionar, ya que se usan constantemente cuando se habla del conjunto de aplicaciones y el tren de pensamiento promovidos por el MZ. Dicho en términos coloridos, estas tácticas comprenden lo que podría denominarse “guerra de valores” (McMurthy, 2002) que es batallada, consciente o inconscientemente, por aquellos investidos con intereses emocionales o materiales en mantener las cosas igual.

Falacia Prima Facie

La primera es la asociación prima facie. Esto simplemente quiere decir “lo primero que se ve”, “antes de investigar” (Dictionary.com, 2014). Esta es, por mucho, el tipo más común de objeción.

Un ejemplo clásico digno de un caso de estudio es la afirmación de que las observaciones y soluciones presentadas por el MZ son sólo variantes del comunismo marxista. Haciendo referencia al manifiesto comunista,[30. Escrito por Karl Marx y Friedrich Engels en 1848, este texto es ampliamente considerado como la expresión ideológica definitiva del comunismo marxista. Se dice que el comunismo es la aplicación práctica del marxismo.] Marx y Engels presentan varias observaciones con respecto a la evolución de la sociedad, específicamente la guerra de clases inherente a las relaciones estructurales relativas al capital, junto con una lógica general de cómo el orden social realizará una transición por medio de una revolución hacia un sistema sin Estado ni clases. A su vez, muestran una serie de cambios sociales directos, tales como la “centralización de los medios de comunicación y transporte en manos del Estado”, la “igualdad de responsabilidad de todos para el trabajo” y otras especificaciones. Marx crea roles para el esquema que él concibe como la continua batalla entre “burgueses y proletarios”, expresando su desprecio por la explotación, la cual dice está esencialmente enraizada en la idea de “propiedad privada”. La meta final es la búsqueda de una “sociedad sin estado ni clases” (Marx & Engels, 1949).

Superficialmente, podría parecer que las soluciones propuestas por el MZ reflejan atributos del marxismo, si uno se da a la tarea de ignorar por completo el razonamiento subyacente. La idea de una sociedad “sin clases”, “sin propiedad universal” y la redefinición completa de lo que se entiende por “Estado” puede, a primera vista, evidenciar una confluencia, especialmente si uno considera que la academia occidental comúnmente promueve una dualidad entre comunismo y capitalismo, siendo los puntos arriba mencionados las diferencias básicas. Sin embargo, el tren de pensamiento que apoya estas conclusiones aparentemente similares es muy diferente.

La proposición del MZ de abogar por mejores prácticas para la toma de decisiones, no es una Filosofía moral,[31. Se define como “la rama de la filosofía que trata tanto con los argumentos como con el contenido de moralidad y el análisis meta-ético de la naturaleza del juicio moral, el lenguaje, el argumento y el valor”. (Collins English Dictionary, 2003)] a diferencia de la filosofía marxista, que esencialmente fue una manifestación de eso. El MZ no está interesado en las ideas poéticas, subjetivas y arbitrarias de una “sociedad justa”, “libertad garantizada”, “paz mundial”, o “hacer un mundo mejor”, simplemente porque suena “bien”, “humano” o “bueno”. Sin un marco de referencia técnico que tenga un referente físico directo a dichos términos, tal relativismo moral sirve poco o nada en el largo plazo.

En cambio, el MZ está interesado en la aplicación científica, específicamente para la sostenibilidad social, tanto física como cultural.[32. El argumento de que la ciencia no es filosofía está ciertamente abierto a la semántica y su interpretación, pero el punto es que las nociones de “bueno y malo” y otras distinciones “éticas” comunes a la filosofía, toman una luz muy diferente en el contexto científico, ya que éste tiene más relación con la utilidad y el equilibrio y menos con conceptos de “moral”, como se define clásicamente. En opinión de la ciencia, el comportamiento humano está más alineado con la causalidad inherente descubierta en el mundo natural, validada mediante pruebas, creando asociaciones lógicas e inferenciales para justificar las acciones humanas como “apropiadas” para un propósito determinado. De nuevo, esto siempre es ambiguo en algún nivel y probablemente el contexto más exacto de la filosofía en relación a la ciencia es como un precursor de validación durante la investigación y experimentación.] Como se detallará en ensayos posteriores, el método de la ciencia no se limita en su aplicación al mundo físico[33. El término “mundo físico” a menudo se utiliza para diferenciar los procesos “mentales” humanos o fenómenos de tipo sociológico del entorno físico que existe fuera de los procesos cognitivos de la percepción humana. En realidad no hay nada fuera del “mundo físico” tal como lo conocemos, ya que no se puede encontrar ningún ejemplo concreto donde las relaciones causales son anuladas.] y, por lo tanto, el sistema social, la infraestructura, la pertinencia educativa y el comportamiento humano, incluso la comprensión de sí mismo, todos existen dentro de de los límites de la causalidad científica. A su vez, existe un sistema de retroalimentación natural incluido en la realidad física que se expresa muy claramente en el contexto de lo que funciona y lo que no a través del tiempo, guiando nuestra adaptación consciente.[34. Podría decirse que la respuesta al entorno es el mecanismo de corrección de la naturaleza en relación con las decisiones humanas. Un ejemplo sencillo sería la producción industrial de productos químicos que producen retroacciones negativas cuando se liberan en el medio ambiente, demostrando la incompatibilidad con las necesidades ambientales para el soporte de la vida, como fue el caso de los clorofluorocarburos y su efecto en el agotamiento de la capa de ozono.]

El marxismo no se basa en esta visión “calculada” del mundo, a pesar de que puede haber alguna característica con base científica que le es inherente. Por ejemplo, la noción marxista de una sociedad sin clases era superar la inhumanidad originada en el capitalismo, impuesta a la clase obrera.

El tren de pensamiento por el que aboga el MZ, por otra parte, cita avances en el estudio humano. Encuentra, por ejemplo, que la estratificación social, que es inherente al modelo mercantil capitalista, es en realidad una forma de violencia indirecta contra la gran mayoría y esta se da como resultado de la psicología evolutiva que los humanos poseemos de forma natural (Wilkinson & Picket, 2009). Esto genera una forma innecesaria de sufrimiento humano en múltiples niveles, que es desestabilizante y técnicamente insostenible.

Otro ejemplo es el interés del MZ en la eliminación de la propiedad universal[35. Este concepto se estudiará más en la Parte 3, pero vale la pena señalar que el tipo de acceso habilitado por el sistema social sugerido (EBRLN) no excluye las relaciones jurídicas para asegurar el uso de los bienes. La idea de reducir el sistema de propiedad actual a uno de acceso protegido donde, por ejemplo, a una cámara obtenida en un centro de distribución se le otorga un estatus legal sobre su renta a esa persona, no se debe confundir con la noción capitalista de propiedad, que es una distinción universal y una gran fuente de ineficiencia y desequilibrio industrial.] y la creación de un sistema de acceso compartido. Esto suele ser condenado rápidamente equiparándolo a la idea marxista de abolición de la propiedad privada. Sin embargo, en términos generales, la lógica marxista refiere la existencia de la propiedad privada a la perpetuación de la “burguesía” y su continua explotación del “proletariado”. Se declara en el manifiesto que “el rasgo distintivo del comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición de la propiedad burguesa”.

La lógica defendida por el MZ, por otro lado, se refiere al hecho de que la práctica generalizada de propiedad individual de bienes es ambientalmente ineficiente, antieconómica y, en última instancia, insostenible como una práctica universal. La propiedad privada es la base de un sistema de conducta restrictivo y de una privación innecesaria, como consecuencia el crimen es común en sociedades con una distribución desigual de recursos.

En cualquier caso, estas acusaciones prima facie son muy comunes y se podrían mencionar muchos ejemplos. Sin embargo, no es el objetivo de esta sección discutir los supuestos nexos entre el marxismo y el tren de pensamiento propuesto por el MZ. Al final, ese debate es esencialmente inútil, discutir tal correlación es simplemente ignorar el verdadero propósito y mérito de la propia concepción de la sociedad.

Falacia del hombre de paja

La segunda falacia argumentativa tiene que ver con la representación falsa de una posición, sea esta deliberada o proyectada, comúnmente referida como hombre de paja.[36. Probablemente la mejor descripción de esto es imaginar una pelea en la que uno de los oponentes crea a un hombre de paja, lo ataca y entonces proclama su victoria. Al mismo tiempo que el verdadero oponente sigue intacto.] Cuando se trata del MZ, usualmente se trata de interpretaciones impuestas sin evidencia legítima que se consideran relevantes para el punto en cuestión.

Por ejemplo, cuando se habla de la organización de un nuevo sistema social, las personas suelen proyectar sus valores y preocupaciones actuales en el nuevo modelo sin tener en cuenta el gran cambio de contexto inherente a dicho modelo, lo que probablemente anula esas preocupaciones inmediatamente. Una proyección común del hombre de paja en este contexto sería que, en una sociedad en la que la producción de material se basa directamente en la aplicación tecnológica y no en un sistema de intercambio que requiere mano de obra asalariada, la gente no tendría ningún incentivo para hacer nada y por tanto el modelo fracasaría pues nada se haría.

Este tipo de argumento no tiene validez comprobable a la luz de las ciencias humanas y es realmente una suposición intuitiva procedente del actual clima cultural en el que el sistema económico coacciona a todos los seres humanos en roles de trabajo para la supervivencia (ingreso/ganancia), a menudo independientemente de nuestro interés personal o utilidad social, generando una distorsión psicológica con respecto a la motivación.

En palabras de Margaret Mead:

Si miras de cerca, verás que casi todo de lo que realmente nos importa, todo de lo que encarna nuestro más profundo compromiso con la forma en que la vida humana debe ser vivida y cuidada, depende de alguna forma de voluntariado (Krikorian, 1985:301).

En una encuesta de Gallup realizada en 1992, se encontró que más del 50% de los adultos estadounidenses (94 millones) ofrecieron tiempo voluntariamente para causas sociales, con una media de 4,2 horas por semana, para un total de 20.500 millones de horas al año (Hodgkinson & Weitzman, 1992:2).

Otros estudios han encontrado que los trabajos repetitivos, mundanos se prestan más a las recompensas tradicionales, como el dinero, mientras que este tipo de estímulo monetario no parece motivar la innovación y la creatividad (Pink, 2011). En posteriores ensayos discutiremos la idea de la mecanización aplicada al trabajo mundano para liberar al ser humano, expresando cómo el sistema de mano de obra por salario es obsoleto y restrictivo no sólo para la eficiencia y potencial industriales, sino también para el potencial humano y la creatividad.

Otro ejemplo común de un hombre de paja en este contexto, es la afirmación de que si se trabaja en la transición a un nuevo sistema social, la propiedad de los demás debe ser confiscada por la fuerza el “poder dominante” y que el resultado sería la violencia. Esto, una vez más, es una proyección de valores o simple miedo, impuesto al tren de pensamiento del MZ, sin validez alguna.

El MZ ve la materialización de un nuevo modelo socio-económico como consecuencia de un necesario consenso de la población. Su comprensión, junto con las presiones biosociales que ocurren a medida que empeora el sistema actual, es la base de la influencia ejercida por el movimiento. La lógica no es compatible con una disposición dictatorial pues ese enfoque, además de inhumano, no es funcional. Para que dicho sistema funcione, debe ser aceptado sin la coerción activa del Estado, por tanto, es un tema de investigación, educación, y de una amplia aceptación personal y comunitaria. De hecho, si una mira a las especificaciones de la interacción social y el estilo de vida propuestos, puede ver que en realidad exigen una amplia aceptación de la mecánica del sistema y los valores por parte de la mayoría.

Un ejemplo final del hombre de paja, es la confusión sobre cómo la transición a un nuevo sistema podría siquiera suceder. Muchos tienden a descartar las propuestas del MZ sólo sobre esa base, simplemente porque no entienden cómo podría suceder. Este argumento, en principio, es el mismo que el ejemplo de un hombre enfermo que está buscando tratamiento para su enfermedad, pero no sabe donde puede obtener dicho tratamiento, cuando estaría disponible, o qué tipo de tratamiento es ¿su ignorancia sobre cómo o cuándo, es suficiente para dejar de buscar? no, si lo que quiere es sanarse. Teniendo en cuenta el grave estado del planeta, la humanidad también debe seguir buscando e inevitablemente un camino se aclarará, discutiremos más sobre esta temática en la Parte IV.

Al final, vale la pena reiterar que la batalla entre la lógica y la psicología es realmente un conflicto central en el ámbito del cambio social. No hay contexto más personal y sensible que la manera en que organizamos nuestra vida en la sociedad y un objetivo importante del MZ, en muchos sentidos, es encontrar técnicas que puedan educar al público sobre los méritos de este tren de pensamiento lógico, superando el obsoleto bagaje de las comodidades psicológicas que no sirven a ningún propósito valioso, progresivo o viable en el mundo moderno.

Bibliografía

Durant, W. (1926). The Story of Philosophy: The Lives and Opinions of the World’s Greatest Philosophers.

Cohen, M. & Nagel, E. (1934). Introduction to logic and the scientific method. New York, NY: Harcourt.

McMurtry, J. (1999). Decoding the Cancer System and its Resolution en The cancer stage of capitalism. Pluto Press.

McMurtry, J. (2002).Value Wars: The Global Market Versus the Life Economy: Moral Philosophy and Humanity. Pluto Press.

prima facie. (n.d.). Dictionary.com Texto completo. Obtenido el 11 de noviembre de 2014, del sitio web de Dictionary.com: http://dictionary.reference.com/browse/prima%20facie

Marx, K., & Engels, F. (1989). Manifiesto comunista. E-FOCUS. Disponible en: http://www.rebelion.org/docs/127255.pdf

moral philosophy. (n.d.) Collins English Dictionary – Complete and Unabridged. (1991, 1994, 1998, 2000, 2003). Obtenido el 14 de noviembre de 2014 de: http://www.thefreedictionary.com/moral+philosophy

Wilkinson, R., & Pickett, K. (2009). Desigualdad: un análisis de la (in) felicidad colectiva. Turner.

Krikorian, R. (1985).  “Have You Noticed? An American Resurgence Is Underway.” VITAL SPEECHES OF THE DAY. Vol. 51.

Hodgkinson, V. & Weitzman, M. (1992). Giving and volunteering in the United States: Findings from a national survey. Washington, DC: Independent Sector.

Pink, D. H. (2011). Drive: The surprising truth about what motivates us. Penguin.


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