La acción es el producto de las cualidades inherentes a la naturaleza. Solamente el hombre ignorante es quien, engañado por su egotismo personal, dice ‘soy el hacedor’ (Bhagavad Gita, cap. 3, verso 27).

Espectro socioeconómico

Como se ha señalado en los ensayos previos, las prácticas sostenibles sólo pueden tener lugar mediante una reorientación de los valores hacia un pensamiento sostenible. Si bien la noción de sostenibilidad usualmente se reduce a un contexto ecológico, el verdadero problema bajo la superficie es cultural. Este, por tanto, se convierte en un proceso de educación. El Movimiento Zeitgeist mantiene como perspectiva que el sistema económico utilizado en una sociedad es la mayor influencia en los valores y creencias de su gente. Es tanto así que incluso en las doctrinas político-religiosas, aparentemente separados, de nuestro tiempo reside un trasfondo de valores establecido por hipótesis económicas.[1. Un ejemplo sería este pasaje del Antiguo Testamento que parece dar a entender que los pobres o “menesterosos” siempre existirán independientemente de lo que la sociedad haga: “Porque no faltarán menesterosos de en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, a tu pobre, y a tu menesteroso en tu tierra”. (Deu. 15:11 Reina Valera Gómez)]

El término “socioeconomía”,[2. Socioeconómico se define como: “de, relativo a, o que involucra una combinación de factores sociales y económicos” (Merriam-Webster, 2015).] que es la ciencia social que estudia las relaciones entre los efectos de la actividad económica y otros procesos sociales, podría extender su significado de forma específica para incluir además las perspectivas religiosas, los sesgos políticos, las iniciativas militares, las lealtades tribales, las costumbres culturales, los estados legales y otros fenómenos sociales comunes. Parece ser que la fábrica de nuestras vidas y, por tanto, de nuestros valores nace, predominantemente, de la percepción cultural de nuestra supervivencia y de nuestras relaciones sociales e ideas de éxito personal y social.

Por otra parte, es fundamental reafirmar que cuando se tienen en cuenta las verdaderas ramificaciones de la estructura económica, los sistemas políticos — a los que la mayoría del mundo parecen darles la mayor importancia cuando se trata del estado de cosas en la sociedad — son en el mejor de los casos secundarios (si no totalmente obsoletos). De hecho, como se sostendrá en ensayos futuros, la gobernanza “política” como la conocemos, es realmente nada más que una consecuencia de la ineficiencia económica. Muy pocos se preocuparían por “quién estuvo en el poder”, o por nociones tradicionales similares si entendieran claramente el proceso de desarrollo económico y fueran capaces de contribuir y ganar sin conflicto. Por lo tanto, no hay un problema de mayor importancia que el sistema de desarrollo económico cuando se trata de la conducta y la estabilidad de los seres humanos tanto en el nivel personal como en el social.

Efemeralización

En términos generales, un sistema económico existe para satisfacer las “necesidades y deseos” de la población.[3. Los patrones de consumo de la sociedad moderna han demostrado un carácter cada vez más arbitrario con respecto a las necesidades humanas, tales como el  significativo cambio en los valores que se produjo en el siglo XX con la aplicación de la publicidad moderna occidental. Las verdaderas necesidades humanas, sin embargo, son requisitos básicos para mantener la salud física y psicológica que todos compartimos. Aunque muchos todavía sostienen interpretaciones subjetivas de tales términos, las necesidades son esencialmente estáticas y los deseos son esencialmente variables. En términos generales, los deseos son una consecuencia del sistema de valores propio y se derivan culturalmente. Por lo tanto, la satisfacción de necesidades tiene una mayor prioridad que la satisfacción de deseos.] Hasta qué punto es capaz de hacerlo depende del estado de los recursos utilizables y de las estrategias utilizadas para aprovechar esos recursos para un fin determinado. En este contexto, el ingeniero y pensador Richard Buckminster Fuller (1969, p. 288) argumentó que la verdadera riqueza económica no es el dinero ni los resultados materiales de una producción determinada. Más bien, la verdadera riqueza es el nivel de eficiencia energética/productiva permitida, junto con el desarrollo del conocimiento que fomente la gestión inteligente de los recursos de la Tierra. En este punto de vista, él define y expresa una tendencia denominada “efemeralización”[4. La efemeralización, término acuñado por R. Buckminster Fuller, es la capacidad de los avances tecnológicos para hacer “más con menos y menos …” con el tiempo. Esta tendencia puede observarse en muchas áreas de desarrollo industrial, desde el procesamiento informático (Ley de Moore) hasta la rápida aceleración del conocimiento humano (tecnologías de la información). Un ejemplo común serían las relaciones de tamaño y poder de cómputo de los ordenadores a través del tiempo. El ordenador ENIAC de la década de 1940 ocupó 1.800 pies cuadrados, pesaba 30 toneladas, consumía 160 kilovatios de energía eléctrica y, corrigiendo a valores actuales, costó alrededor de 6 millones de dólares estadounidenses (Bellis, n.d.). Hoy en día, una, el teléfono celular de bolsillo de bajo costo calcula sustancialmente más rápido que ENIAC. Por lo tanto – menos material y aún más potencia.] que toma en cuenta la capacidad técnica de la humanidad de hacer cada vez “más con menos”.

Desde una perspectiva histórica, la efemeralización es una contradicción simbólica al todavía muy arraigado principio malthusiano,[5. El malthusianismo es una perspectiva vinculada al economista y clérigo Thomas R. Malthus (1872) que, en definitiva, tiene que ver con la necesidad de limitar el crecimiento de la población debido a una asunción empírica de la escasez relativa de recursos. Ideas como “no ayuda a los pobres”, ya que “sólo da falsas esperanzas” y otras similares son comunes a este punto de vista.] que afirma que la humanidad está siempre fuera de equilibrio con la naturaleza y que siempre habrá un sector de la población que debe sufrir, ya que los recursos disponibles simplemente no son suficientes para satisfacer las necesidades de todos.

Como se ha señalado en los ensayos anteriores,[6. Léase el ensayo Clasismo estructural, el Estado y la guerra.] esta visión del mundo es evidente en el sistema económico que todavía aceptamos hoy a nivel mundial, forjando profundos sesgos estructurales que han favorecido inevitablemente a una clase de personas sobre otra en cuanto a ventaja de supervivencia. En otras palabras, un “juego de guerra” ha culminado, construido a partir de la hipótesis de la escasez universal constantemente reforzada, que actualmente sigue avanzando por inercia, aunque su razonamiento causal inicial se encuentre, en gran medida, ausente.

Lo que definimos como “corrupción” en la actualidad, en la mayoría de casos, encuentra su raíz psicológica en esta conciencia competitiva sea en el nivel personal, en el nivel corporativo (empresas) o en el nivel de gobierno en la forma de guerra, tiranía y de colusión[7. Una colusión es un pacto que acuerdan dos personas u organizaciones con el fin de perjudicar a un tercero.] para la auto-preservación. De hecho, puede argumentarse fácilmente que la noción misma de “ética” en un mundo que decididamente trabaja para ganar a expensas de los demás se convierte en una distinción muy relativa y casi arbitraria.

Sin embargo, esta tendencia de efemeralización, habiendo aumentado rápidamente a partir de los repentinos avances industriales y científicos del siglo XX,  desafía profundamente esta cosmovisión proteccionista, elitista e impulsada por la escasez; y sugiere nuevas posibilidades de organización humana que rompen con los antiguos paradigmas.

Estas posibilidades estadísticamente revelan que ahora estamos en condiciones de cuidar a toda la población del mundo a un nivel de vida desconocido para la gran mayoría de humanidad hoy en día.[8. Si bien esta realidad se discutirá en el siguiente ensayo: tendencias de post-escasez, capacidad y eficiencia, destacando la eficiencia acelerada de transporte, energía, diseño industrial, la tecnología de cultivo de alimentos y similares, vale la pena recalcar la siguiente conclusión de R. Buckminster Fuller escrita en 1969 (pp. 153-155) como referencia histórica: “(El hombre) desarrolló una mecanización tan intensa en la Primera Guerra Mundial que el porcentaje de la población total del mundo que eran ‘ricos’ industriales “aumentó en 1919 a la cifra de 6%. Eso fue un cambio muy brusco en la historia (…) En el momento de la Segunda Guerra Mundial el 20% de toda la humanidad se había convertido en “ricos” industriales … En la actualidad la proporción de “ricos” en la humanidad es de 40% (…) si elevamos el desempeño (…) de los recursos desde el nivel actual a una eficiencia global altamente factible de un 12% (más, toda la humanidad puede ser abastecida)”.] Sin embargo, para que esta nueva realidad de eficiencia sea aprovechada, las barreras arcaicas arraigadas en nuestra forma de vida cotidiana, específicamente nuestra percepción de la economía, deben ser revaluadas y probablemente superadas por completo.

El término utopía surge comúnmente como un término peyorativo entre aquellos que tienden a desestimar la mejora social a gran escala ya sea debido a un cinismo de la llamada naturaleza humana o una incredulidad absoluta en la capacidad técnica actual de la humanidad para realizar grandes ajustes con los nuevos medios técnicos a disposición.

Por ejemplo, una objeción común a la cultura actual, específicamente a las naciones “ricas” del Primer Mundo, se basa en el valor de lo que podría denominarse la “violencia de la adquisición masiva”. En su raíz, esta visión lleva el concepto maltusiano de la insuficiencia de recursos orientada a las necesidades y la transpone a asumir una presión de irracionalidad adquisitiva. En otras palabras, asume que los seres humanos tenemos deseos materiales infinitos. Incluso si, digamos, cada ser humano podría existir con lo que Occidente considera actualmente una forma de vida de la clase alta, sin que nadie se quede corto, un elemento de nuestra psicología haría que nunca estemos satisfecho en el sentido material y el interés en “más y más” ganancias materiales siempre crearía un desequilibrio desestabilizador en la sociedad. Por lo tanto, la existencia de “ricos” y “pobres” se percibe como una consecuencia de nuestra psicología y codicia motivadas por la obtención de estatus, y la no disponibilidad de recursos y medios.

La medida en que esto es realmente cierto es dudosa, dada la condición cultural extrema en que nos encontramos hoy en día, en comparación con el hecho histórico de que, fuera de la influencia occidental (capitalista), el concepto de “éxito material vano” está lejos de ser universal para el ser humano (Kasser, 2002).[9. Teniendo en cuenta que el supuesto de deseo humano infinito sigue siendo un componente esencial de la visión económica monetaria/mercantil de escasez y desigualdad de recursos, es interesante cómo la base misma de su hipótesis implica una irracionalidad del comportamiento humano. Tendría que ser irracional dado que entendemos que la humanidad depende de los recursos finitos de la Tierra. La historia humana está repleta de contradicciones a esta suposición, en concreto las culturas que se desarrollaron en las sociedades menos industrializadas, en asociación más directa con la tierra, fuera de la influencia de nuestra cultura de consumo. Las culturas nativas americanas tempranas, por ejemplo, valoran el equilibrio, y no la adquisición, como una virtud.] En verdad, la relación entre éxito y propiedad ha sido fabricada culturalmente en base a la necesidad del sistema y ahora es un valor básico de nuestra sociedad basada en el consumidor (Bernays & Miller,1928).

En un mundo impulsado por el “crecimiento económico” para mantener el empleo en un nivel razonable; en un mundo en el que alaba abiertamente aquellos con gran riqueza financiera como medida de éxito; en un mundo que realmente premia comportamientos de indiferencia humana y de competencia despiadada por la cuota de mercado (en lugar de la contribución social honesta para el mejoramiento humano global); no es ningún misterio por qué la idea de que un único ser humano único posea, por ejemplo, una mansión de 400 habitaciones en 500 mil hectáreas de tierras privadas con 50 coches y cinco aviones estacionados en el patio delantero se haya convertido en parte de un ideal, una visión codiciada de éxito personal (y social).

Sin embargo, desde la perspectiva de la verdadera sostenibilidad humana, esta visión es pura violencia y existe casi la misma categoría de quien atesora alimentos y recursos que él o ella no necesita y se niega a permitir a otros el acceso en aras de un principio abstracto.[10. Las ramificaciones desestabilizadores de una sociedad con gran desequilibrio de riqueza se ejemplifican mejor recientemente por el surgimiento de lo que fue reconocido a nivel mundial como las protestas de Occupy Wall Street. El desequilibrio de la riqueza se reconoce cada vez menos como un problema subjetivo de “justicia moral” y cada vez más como un problema de salud pública y estabilidad social grave.] Si imaginamos una pequeña isla de diez personas en el que dos de ellas deciden extraer y acumular 1.000% más de lo que necesitan para estar saludables, dejando a ocho personas viviendo en la pobreza extrema y/o muriendo ¿verías a este arreglo como un acto de “libertad personal” de los dos o como un acto de violencia social contra los ocho?

Esto se trae a colación para desechar la “falacia de abundancia utópica”, una reacción común debido, en parte, a las implicaciones de la efemeralización. Al igual que nosotros, como sociedad global, nos estamos dando cuenta de las limitaciones físicas de nuestros comportamientos industriales, lentamente alejándonos de consecuencias ecológicamente desestabilizadoras, es crítico darse cuenta que una orientación de valor basada en deseos infinitos es igual de perjudicial para el equilibrio social.

Limitación del sistema

Cuando se trata de filosofías culturales, la población humana debe ganar, en parte, una clara comprensión de sus limitaciones y derivar sus expectativas y valores de esta realidad física. Existen las limitaciones impuestas por nuestro medio ambiente, independientemente de los valores humanos, los intereses, deseos o incluso las necesidades en abstracto. Si tuviéramos que eliminar a la humanidad del planeta Tierra y observar las operaciones ecológicas naturales de la Tierra con la comprensión científica causal científicos que tenemos hoy, estaríamos ante un sistema sinérgico-simbiótico gobernado por la dinámica universal de la naturaleza.

Sin importar qué pensemos acerca de nosotros, de nuestras intenciones o “libertades”,[11. La palabra libertades está entre paréntesis debido a su prolífico uso cultural. Existen actualmente consignas patrióticas sobre libertad, nacidas en parte fuera del problema histórico de la tiranía y el abuso del gobierno, creando a menudo una visión casi neurótica y engañosa de la conducta humana. En realidad, no hay tal cosa como la libertad universal en el mundo ya que leyes físicas rígidas nos rigen. La noción cultural de “libertad” del mal llamado anarco-capitalismo, es intrínsecamente peligrosa para la sostenibilidad de las especies. En concreto, con respecto a su absoluta ignorancia sobre los factores del sistema sinérgico terrestre, asumiendo la falacia de que una persecución de los intereses individuales asegura el equilibrio social y ecológico.] una vez que somos puestos en este sistema de leyes físicas estamos unidos a él, independientemente de nuestras creencias o de las normas culturales que hemos dado por sentado, o que se han impuesto como “inevitables” o “inmutables” por diversas culturas. Si optamos por aprender y alinearnos con la lógica, encontraremos la sostenibilidad y, por tanto, la estabilidad. Si optamos por ignorar o combatir estas normas preexistentes, inevitablemente socavaremos el equilibrio y surgirán problemas, como ocurre frecuentemente en casi todos los aspectos a principios del siglo XXI.

Esta toma de conciencia de las limitaciones naturales, que hemos llegado a entender hoy a través del método científico, expresa quizás el cambio más profundo en las “lealtades” humanos a través de la historia. En resumen, ahora entendemos que o nos alineamos con el mundo natural, o sufrimos. Tristemente, este referente sólido todavía se encuentra en desacuerdo con muchas filosofías comunes actuales, como los puntos de vista religiosos y políticos establecidos. Cabe destacar también, que una respuesta muy frecuente es calificar a esta comprensión como “totalitaria” o “extremista”, como una imposición aparentemente rígida y arbitraria en la vida humana, en lugar de simplemente verlo como el estado innegable y científicamente demostrable de las cosas.

Paradójicamente, la conclusión que surge tras analizar la ley natural es que dentro de este marco racional de limitación del sistema que definimos como “las leyes de la naturaleza gobernantes” — es decir, nuestra gama de posibilidades de acción al usar el método científico dentro de estos límites — también se revela el increíble potencial de una eficiencia técnica cada vez mayor para crear abundancia y satisfacer las necesidades humanas, a nivel mundial. Además, ya que la humanidad es la única especie en la Tierra con la capacidad mental para alterar/afectar su ecosistema en formas verdaderamente profundas, esta necesidad de alineación se convierte en fundamental para la sostenibilidad de las especies, para la salud pública y para el verdadero avance en la resolución de problemas. Nada podría ser más peligroso que una cultura mundial que — dado el aumento exponencial de nuestra capacidad de afectar el equilibrio ecológico y social con la tecnología — no entiende su poder y sus efectos. En muchos sentidos, la humanidad se enfrenta a una carrera educativa contra el tiempo para corregir su falta de madurez actual en el manejo de sus increíbles poderes recientemente descubiertos a través de la ciencia y la tecnología.[12. En sus últimos años, el astrónomo Carl Sagan hizo un comentario que se puede encontrar en las versiones posteriores de su serie Cosmos (1980), el cual parafraseamos a continuación: “Es casi como si hubiera un Dios que le ha dado a la humanidad la elección de utilizar el poder de la ciencia para mejorar la vida… o destruirla. Depende de nosotros”.]

Dicho sea de paso, es importante recordar que cuando se trata de la propia historia del pensamiento económico, el marco de referencia ha tenido más que ver con asunciones sobre el comportamiento humano que con la gestión de recursos inteligente, las ciencias físicas en general o interpretaciones de la ley natural.[13. Léase el ensayo Historia de la economía.] Si bien nuestros reflejos innatos de comportamiento y propensiones genéticas son ciertamente relevantes a las consecuencias de un sistema socioeconómico y son una parte muy importante de la ecuación, los supuestos de la conducta humana no pueden ser declarados como punto de partida estructural de un sistema económico. Los seres humanos son una consecuencia de las condiciones del sistema ecológico y no al revés.

En conclusión, si el propósito de un sistema social es la creación de un estándar de vida cada vez mayor, y a la vez mantener el equilibrio ambiental y social para asegurar que esta calidad no se reduzca en el futuro debido a las consecuencias que se derivan de decisiones irresponsables — tales como el agotamiento de recursos, la contaminación, las enfermedades, el estrés negativo, la desigualdad de la “riqueza” y otros problemas — es crítico que fundamentemos nuestra metodología en los parámetros técnicos más relevantes, orientados en torno al estado actual de los conocimientos científicos tanto a nivel ecológico como humano.

Referencias

socioeconomic. (n.d.). en el diccionario en línea de Merriam-Webster (11 ed.). Obtenido de http://www.merriam-webster.com/dictionary/socioeconomic

Fuller, R. (1969). From Utopia or Oblivion. Bantam Press.

Bellis, Mary. (n.d.). The History of the ENIAC Computer. Obtenido de http://inventors.about.com/od/estartinventions/a/Eniac.htm

Malthus, T. R. (1872). An Essay on the Principle of Population Or a View of Its Past and Present Effects on Human Happiness, an Inquiry Into Our Prospects Respecting the Future Removal Or Mitigation of the Evils which it Occasions by Rev. TR Malthus. Reeves and Turner.

Kasser, T. (2002). The high price of materialism. MIT Press.

Bernays, E. L., & Miller, M. C. (1928). Propaganda. Ig Publishing.

Sagan, C., Druyan, A. & Soter, S. (Escritores), & Malone, A. (Director). (diciembre 21, 1980). [¿Quién habla por la Tierra?] Who speaks for Earth [episodio de serie de televisión]. en Cosmos. Estados Unidos: PBS.


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